Hay dos tipos de invitadas: las que tienen el vestido elegido desde que les llegó la invitación y las que, entre vacaciones, cenas al sol y planes improvisados, se plantan en julio sin saber qué ponerse. Y claro, la boda es en dos semanas, de noche, y en un jardín precioso. Si este es tu caso, respira hondo: Hannibal Laguna White tiene la solución.
La firma nos invita a reconciliarnos con la elegancia despreocupada, esa que no se nota pero deslumbra. Y lo hace con una selección de vestidos que se mueven entre el minimalismo y fuerza cromática, para salvarte —con estilo— de la indecisión de última hora.
LINDA: LA DECLARACIÓN PÚRPURA
Delicado como una noche de verano en la Toscana. Este slip dress lila de satén, con finos tirantes y escote cowl, es el epítome del “menos es más”. No necesita adornos ni estridencias. Solo tu piel ligeramente bronceada, unas sandalias doradas y un cóctel en la mano. La silueta fluida acompaña los movimientos como si flotaras. Ideal para bodas donde el romanticismo y la sofisticación bailan juntos al ritmo del jazz.
FUCSIA: UN VESTIDO QUE LO CAMBIA TODO
Este vestido largo en fucsia intenso tiene escote halter, silueta ceñida y una espectacular lazada lateral que cae como una cascada de elegancia. Perfecto para bodas de tarde-noche donde el dress code pide un toque de atrevimiento sin perder clase. Póntelo con labios a juego, ondas suaves y unos pendientes con historia.